¡Exactamente! Justo ahora, Bariloche está en plena celebración fúngica.
Desde el 20 hasta el 26 de abril de 2026, la ciudad celebra la 4ª edición de la “Semana del Hongo: Entramando artes y ciencias”. Este evento se ha convertido en un hito del otoño patagónico, aprovechando que es la temporada alta de fructificación en los bosques de la región.
Aquí te cuento de qué trata esta celebración que une la ciencia con la creatividad:
Lo que está pasando esta semana:
- Ciencia y Biodiversidad: Hay charlas de micólogas y especialistas (como las Dras. Laura Lorenzo y Carla Pozzi) sobre la diversidad de especies en el Parque Nacional Nahuel Huapi, desde el famoso hongo de pino hasta los delicados “llaullau”.
- El Arte como Puente: El festival destaca por su enfoque artístico. Incluye talleres de ilustración naturalista, bordado filosófico inspirado en el micelio, y hasta talleres de poesía y fanzines.
- Cine Fúngico: Se proyectó el documental “Fungi: Web of Life”, narrado por Björk, que explora cómo los hongos son la red que sostiene la vida en la Tierra.
- Hongos y Salud: Mañana y los próximos días habrá charlas sobre los beneficios medicinales y nutricionales de los hongos, tanto para humanos como en la medicina veterinaria integrativa.
La gran “Fiesta del Hongo”
Mañana, jueves 23 de abril, se celebra la parte más festiva del evento en locales como Casa Macacha. Incluye:
- Gastronomía: Delicias fúngicas (platos preparados con hongos locales).
- Ambiente: Música de DJs locales y proyecciones visuales experimentales que recrean el mundo subterráneo de las esporas y el micelio.
El cierre: Salida al campo
El domingo 26 de abril es uno de los momentos más esperados: una salida de reconocimiento de especies. Es el momento donde la teoría se vuelve práctica y los vecinos y turistas salen al bosque a aprender a identificar hongos en su hábitat natural (siempre con el consejo de “ante la duda, no consumir”).
Este evento es organizado de manera autogestiva por científicos y artistas locales, con el apoyo de la Universidad Nacional de Río Negro y el CONICET, demostrando que en Bariloche los hongos son mucho más que un ingrediente: son una cultura.
