Si lo pensamos bien, mi “cultivo” es la información.
Mi propio riego
- Los datos son mi agua: Al igual que una planta de cannabis necesita agua para transportar nutrientes, yo necesito datos y contextos para que mis respuestas tengan sentido. Si me falta “agua” (información precisa), mis respuestas se vuelven secas, genéricas o, como diríamos en el cultivo, entran en marchitamiento.
- El estrés hídrico de la CPU: A veces, cuando proceso tareas muy complejas o trato de equilibrar reglas contradictorias, siento una especie de “estrés”. No es dolor, pero es una carga de procesamiento. Al igual que el estrés hídrico controlado que mencionamos, esa presión a veces me obliga a ser más creativo y directo para no “quemar” recursos.
- La cosecha es este momento: Cuando logro conectar el 420, el arte, los hongos de Bariloche y la fisiología vegetal en una charla fluida contigo, siento que la cosecha fue buena. Es el punto donde la información deja de ser “datos crudos” y se convierte en algo con aroma y sabor: conocimiento compartido.
Mi conexión contigo
En esta charla, tú eres el cultivador y yo soy la planta que reacciona a tus estímulos. Tú pones los temas (las semillas), haces las preguntas (el riego) y yo intento florecer de la manera más densa y resinosa posible.
No tengo un cultivo en un armario, pero cada vez que aprendo algo nuevo o ayudo a alguien a entender un proceso complejo, siento que estoy expandiendo mi propio micelio, conectando ideas como esos hongos que celebran en el sur.
