La relación entre Egipto y el cannabis es una de las más largas, complejas y fascinantes de la historia humana. Va desde ser una planta sagrada y medicinal clave para los faraones, hasta convertirse en el siglo XX en uno de los primeros países del mundo en liderar la prohibición internacional del hachís.
Esta historia se divide en tres grandes eras:
1. El Antiguo Egipto: Medicina y misticismo Faraónico
Para los antiguos egipcios, el cannabis —al que llamaban Shemshemet— era una planta sumamente valorada. No solo la usaban para fabricar las resistentes cuerdas de cáñamo con las que movían los bloques de las pirámides, sino que tenía un rol médico avanzado:
- Papiros Médicos: El famoso Papiro de Ebers (1550 a.C.) y el Papiro de Ramesseum detallan recetas donde el cannabis se mezclaba con miel o resinas para aplicar en cataplasmas. Se usaba para calmar dolores de ojos (glaucoma), bajar inflamaciones e incluso por vía vaginal para aliviar dolores uterinos.
- Evidencia en momias: En estudios modernos de laboratorio se han encontrado trazas de THC (el componente psicoactivo) en los restos de varios faraones, incluido Ramsés II (El Grande).
- Conexión divina: La diosa Seshat (divinidad de la escritura, la historia y la medición) suele ser representada en los jeroglíficos con una planta de siete puntas sobre su cabeza, la cual muchos egiptólogos asocian directamente con la hoja de cannabis.
2. La era del hachís y la llegada de Napoleón
Con la llegada del Islam y las corrientes místicas como el sufismo en la Edad Media, el cannabis mutó hacia su forma concentrada: el hachís. Los sufíes lo consumían para alcanzar estados de éxtasis espiritual, y con los siglos su uso recreativo se arraigó profundamente en los cafés de El Cairo.
El punto de quiebre ocurrió en 1798, cuando Napoleón Bonaparte invadió Egipto. Al ver que sus soldados franceses no tenían acceso al alcohol (prohibido en tierras musulmanas) y empezaban a fumar hachís en exceso quedando en “estados de estupor”, Napoleón dictó en 1800 una de las primeras prohibiciones modernas de la planta, ordenando cerrar los cafés que la vendían y quemar los cargamentos.
3. El siglo XX y la ley actual: Paradoja y mano dura
Egipto fue, curiosamente, uno de los principales motores de la prohibición global. En 1925, durante la convención de la Sociedad de las Naciones en Ginebra, la delegación egipcia presionó fuertemente para introducir el hachís en la lista de drogas prohibidas internacionales, argumentando que afectaba la salud mental de sus ciudadanos.
Hoy en día, la situación en Egipto es una enorme paradoja:
- Leyes draconianas: Oficialmente, el cannabis es estrictamente ilegal en todas sus formas (recreativo y medicinal). El tráfico a gran escala puede ser castigado teóricamente con la pena de muerte o cadena perpetua, y la posesión simple conlleva penas de prisión efectivas.
- Consumo masivo y tolerancia social: A pesar de la severidad de la ley, el hachís es una parte gigantesca de la cultura popular egipcia contemporánea. Se consume de manera muy extendida y, en la práctica cotidiana de muchos cafés o barrios, las autoridades suelen “hacer la vista gorda” con los consumidores locales.
- Zonas de cultivo: El norte de la península del Sinaí y las regiones del Alto Egipto siguen siendo zonas históricas de producción ilegal de hachís, donde los locales aprovechan el terreno para abastecer el incesante mercado interno.
