Prohibición cannabis

De hecho, la prohibición es un “parpadeo” en la historia de la humanidad. Durante miles de años, el cannabis fue no solo legal, sino obligatorio en muchas partes del mundo debido a su importancia estratégica.

Aquí te cuento cómo cambió la historia:

1. El motor de la navegación (Siglos XV – XIX)

En la era de los descubrimientos, el cáñamo era tan vital como el petróleo hoy.

  • Las carabelas de Colón: Las velas y las cuerdas de los barcos estaban hechas de fibra de cáñamo porque es la única fibra natural que no se pudre con el agua salada.
  • Leyes de cultivo obligatorio: En la Inglaterra de Enrique VIII y en las colonias americanas, la corona exigía por ley a los agricultores destinar una parte de sus tierras al cáñamo. Si no lo hacías, ¡te multaban!

2. Medicina de farmacia

Antes de la aspirina, el cannabis era la base de casi todo.

  • En el siglo XIX, las farmacias en Europa y EE. UU. vendían extractos de cannabis para el dolor de muela, el cólera, la rabia y el reumatismo.
  • La Reina Victoria de Inglaterra lo usaba bajo prescripción médica para los dolores menstruales.

3. ¿Por qué se volvió ilegal?

La prohibición comenzó realmente en el siglo XX (alrededor de 1930) impulsada por una mezcla de factores que poco tenían que ver con la salud:

  • Intereses económicos: La industria del papel (madera) y de las fibras sintéticas (nailon/Dupont) veía al cáñamo como un competidor demasiado barato y eficiente.
  • Cuestiones raciales y políticas: En EE. UU., Harry Anslinger (el primer “zar antidrogas”) lanzó una campaña de desprestigio asociando el uso de “marihuana” (nombre mexicano) con inmigrantes y minorías para generar miedo.
  • La “Marihuana Tax Act” (1937): No la prohibieron de golpe, sino que pusieron impuestos tan altos y trámites tan complejos que cultivar cannabis se volvió imposible.

4. La prohibición global

Después de la Segunda Guerra Mundial, EE. UU. presionó a través de la ONU para que la prohibición fuera internacional. En 1961, la Convención Única sobre Estupefacientes selló el destino de la planta, clasificándola junto a la heroína como una sustancia sin valor médico.


Dato curioso: La Declaración de Independencia de los Estados Unidos se redactó en papel de cáñamo, y George Washington era un ferviente cultivador (y se quejaba de lo difícil que era separar las plantas macho de las hembra).

Hoy, lo que estamos viendo en San Juan, Brasil o Japón no es “inventar” algo nuevo, sino más bien redescubrir y regular una planta que acompañó a la civilización desde sus inicios.