En Brasil, el debate sobre el cannabis medicinal vive un momento de tensión entre la expansión del mercado y un sector de la comunidad médica que exige un rigor científico extremo.
A diferencia de Argentina, donde el enfoque ha sido más social y de salud pública, en Brasil el conflicto principal radica en la postura de instituciones poderosas como el Consejo Federal de Medicina (CFM) y ciertos expertos académicos.
Aquí te explico los puntos principales de esa “duda” o resistencia:
1. La postura del Consejo Federal de Medicina (CFM)
El CFM ha sido históricamente el actor más escéptico. Aunque en 2026 la regulación ha avanzado, persiste una facción que sostiene que:
- Falta de evidencia “Gold Standard”: Argumentan que no existen suficientes ensayos clínicos de fase III (aleatorios y de doble ciego) para la mayoría de las patologías para las que se prescribe.
- Restricción de patologías: Durante mucho tiempo, el CFM intentó limitar la prescripción únicamente a la epilepsia refractaria en niños y adolescentes, dejando fuera el dolor crónico, la ansiedad o el insomnio, alegando que para estos casos los beneficios son “modestos o inconsistentes” comparados con fármacos tradicionales.
2. El argumento de la “Seguridad vs. Eficacia”
Muchos expertos brasileños no dudan de que el cannabis haga algo, sino de cuánto y a qué costo:
- Efectos adversos: Se pone el foco en riesgos como la somnolencia, la desorientación o el potencial de abuso en personas con predisposición a psicosis, especialmente con productos que contienen THC.
- Calidad de los productos: Al haber una explosión de asociaciones de pacientes y aceites artesanales, los expertos dudan de la estabilidad de las fórmulas. Dicen que, sin una estandarización farmacéutica estricta, el médico no sabe exactamente qué dosis está recetando.
3. La nueva regulación de 2026 (RDC 1.015)
Para responder a estas dudas, la Anvisa (la agencia sanitaria de Brasil) aprobó a principios de este año una nueva normativa que busca dar certezas:
- Límite de THC: Para la mayoría de los productos de venta en farmacias, el límite se fijó en 0.3% de THC. Esto es una victoria para los expertos más conservadores, que ven el THC como el componente “peligroso”.
- Cultivo para investigación: Por primera vez, se autorizó a empresas a cultivar en suelo brasileño, pero solo con fines científicos y medicinales. Esto busca generar la “evidencia propia” que los expertos brasileños reclaman para dejar de dudar.
4. La “Guerra de Datos”
Mientras los expertos académicos piden más tiempo, la realidad los atropella:
- En 2025, Brasil superó las 660,000 autorizaciones de importación.
- Los médicos que sí prescriben argumentan que la “evidencia del mundo real” (pacientes que mejoran su calidad de vida) es suficiente para no esperar 10 años a un estudio clínico perfecto.
Dato Clave: La desconfianza en Brasil tiene un fuerte tinte institucional. Mientras que la Justicia y la Anvisa avanzan presionadas por las familias, el CFM actúa como un “freno de mano” ético-científico que genera mucha fricción en los consultorios.
