Es un fenómeno global fascinante y muy real. El consumo de cannabis entre los adultos mayores (personas de 65 años o más) es uno de los segmentos de mayor y más rápido crecimiento en la industria.
Estudios científicos recientes publicados en revistas como JAMA Internal Medicine muestran datos contundentes: en menos de dos décadas, el porcentaje de adultos mayores que consumen cannabis pasó de menos del 1% a alcanzar aproximadamente el 7%. Solo entre 2021 y 2023, el consumo en este grupo aumentó casi un 46%.
Este incremento se debe a un cambio profundo en las motivaciones, la demografía y las necesidades de salud.
1. ¿Por qué está creciendo el consumo?
A diferencia de los jóvenes, los adultos mayores raramente buscan el cannabis de forma recreativa o para “colocarse”. Sus motivos principales son terapéuticos y buscan mejorar su calidad de vida frente a los achaques de la edad:
- Alivio del dolor crónico: Problemas como la artritis, la artrosis y los dolores de espalda encuentran alivio en las propiedades analgésicas del THC y el CBD.
- Problemas de sueño (Insomnio): Cerca del 60% de los adultos mayores que recurren al cannabis lo hacen para conseguir un descanso más profundo sin los efectos secundarios de las pastillas para dormir.
- Alternativa a los fármacos (Polifarmacia): Muchos pacientes mayores están cansados de tomar un “cóctel” diario de píldoras recetadas (especialmente opiáceos o benzodiacepinas) que les causan mareos, dependencia o problemas estomacales. Ven en el cannabis una opción natural y más noble para el organismo.
2. El cambio en el perfil del consumidor
Las investigaciones demuestran que el estigma de la marihuana se está desmoronando en la tercera edad. El perfil de los nuevos usuarios mayores destaca por ser:
- Personas con estudios universitarios y de ingresos medios-altos.
- Un incremento muy notable en mujeres mayores y personas casadas.
- La generación del Baby Boom: Quienes hoy tienen entre 65 y 80 años crecieron en las décadas de los 60 y 70. Ya tenían una mente más abierta hacia la planta en su juventud, a diferencia de las generaciones anteriores.
3. Preferencia por formatos no fumados
La imagen de la persona mayor fumando un cigarrillo de marihuana es cada vez menos común. Para cuidar su salud pulmonar, prefieren métodos de administración discretos y controlados:
- Aceites y tinturas sublinguales (goteros).
- Cremas y bálsamos tópicos directos para las articulaciones.
- Cápsulas o comestibles de dosis bajas (microdosis).
- Productos con alto contenido de CBD o combinaciones equilibradas (1:1 de CBD y THC) que alivian el cuerpo sin alterar la mente.
⚠️ Los desafíos médicos y riesgos de esta tendencia
Aunque los beneficios son claros, la comunidad médica y los geriatras muestran preocupación debido a que el cuerpo cambia con la edad y procesa las sustancias de manera diferente:
- Metabolismo más lento: A medida que envejecemos, el hígado y los riñones tardan más en eliminar los compuestos. Además, el THC se almacena en el tejido graso (que aumenta con la edad), haciendo que los efectos duren mucho más tiempo de lo esperado.
- Riesgo de caídas y desorientación: Una dosis un poco alta de THC puede causar mareos, bajadas de presión arterial (hipotensión ortostática) o confusión, lo que eleva el riesgo de caídas peligrosas o fracturas de cadera.
- Interacciones con otros medicamentos: Como muchos toman medicación para el corazón, la presión o la diabetes, el CBD puede alterar la forma en que el cuerpo absorbe esos remedios, potenciando o anulando sus efectos.
Por esta razón, el gran reto actual es lograr que los adultos mayores dejen de asesorarse únicamente con amigos o empleados de tiendas de cannabis (budtenders) y comiencen a diseñar sus tratamientos de la mano de médicos y geriatras, bajo la regla de oro de la medicina geriátrica: “empezar con dosis muy bajas e ir despacio”.
