El frio y la humedad

Si el cannabis fuera una persona, sería esa que prefiere un clima templado de playa sobre una montaña nublada. El frío y la humedad son una combinación peligrosa que puede arruinar una cosecha en cuestión de días si no se controlan.

Aquí te detallo cómo afectan estos factores y qué puedes hacer al respecto:


1. El impacto del Frío

El cannabis es metabólicamente activo entre los 20°C y 28°C. Cuando la temperatura baja, todo se ralentiza.

  • Bloqueo de nutrientes: Por debajo de los 15°C, la planta tiene dificultades para absorber fósforo. Notarás que los tallos se vuelven púrpuras y el crecimiento se estanca.
  • Muerte celular: Si la temperatura cae por debajo de los 10°C, las raíces sufren un choque térmico. Si hay heladas (0°C o menos), el agua dentro de las células se congela, rompiendo las paredes celulares y matando el tejido.
  • Fenotipos: Un poco de frío al final de la floración puede “engañar” a la planta para que produzca antocianinas, dándole colores morados o azules muy estéticos, pero si el frío es extremo, perderás potencia y peso.

2. El peligro de la Humedad (Humedad Relativa o HR)

La humedad alta es el enemigo silencioso, especialmente en la fase de floración.

  • Hongos (Botrytis y Oídio): Es el riesgo principal. En flores densas, la humedad se atrapa y genera Botrytis (podredumbre del cogollo), que puede pudrir una planta de adentro hacia afuera en 48 horas.
  • Transpiración lenta: Si el aire está saturado de agua, la planta no puede “sudar”. Esto frena el transporte de nutrientes desde las raíces hacia las hojas, debilitándola.

3. La “Zona de Peligro”: El Punto de Rocío

El mayor riesgo ocurre cuando el aire caliente del día (que retiene mucha humedad) se enfría de golpe por la noche. El agua se condensa sobre las hojas y cogollos.

Tabla de niveles óptimos

FaseTemperatura ÓptimaHumedad Ideal
Plántula/Esqueje24 – 26°C65% – 70%
Vegetativo22 – 28°C40% – 60%
Floración20 – 26°C40% – 50%
Cosecha/Secado18 – 20°C50% (estricto)

Consejos para combatir el clima adverso

  1. Ventilación constante: El aire estancado es el mejor amigo de los hongos. Asegúrate de tener ventiladores moviendo el aire incluso de noche.
  2. Riego matutino: Evita regar al final del día. Si el sustrato está empapado cuando baja la temperatura nocturna, aumentas drásticamente la humedad ambiental y el riesgo de hongos radiculares.
  3. Desfoliación: Quita las hojas grandes que no reciben luz. Esto mejora la circulación de aire entre las ramas y reduce la humedad que la propia planta genera.
  4. Calentadores de raíz: Si cultivas en suelo frío, elevar las macetas del piso o usar mantas térmicas ayuda a que el metabolismo no se detenga por completo.

Dato importante: Si notas manchas blancas como “polvo de tiza” en las hojas, es Oídio. Si ves que un cogollo se pone marrón o grisáceo y se deshace al tocarlo, es Botrytis. En ambos casos, actúa rápido y separa las partes afectadas.