Creciente movimiento social por la legalización y regulación del cannabis.
– Operativos policiales y judiciales que muestran la persistencia del narcotráfico y la criminalización.
– Debate político y social sobre los límites, riesgos y beneficios de la regulación y el autocultivo.
Un escenario en transformación
El 27 de septiembre de 2025, miles de personas marcharon en Santiago bajo la consigna “Cultiva tus derechos” demandando la legalización plena de la marihuana. Esta movilización, organizada por Movimental, marcó un hito al cumplirse 20 años de activismo que ha buscado visibilizar y reivindicar el uso adulto y medicinal del cannabis en Chile. La marcha no solo fue una expresión masiva, sino también un reflejo de una sociedad que ha cambiado su mirada hacia esta planta, desde la criminalización y el estigma hacia una demanda de respeto, dignidad y regulación.
Sin embargo, la realidad es compleja y contradictoria. Mientras la sociedad avanza en la conversación, las instituciones enfrentan desafíos para adaptarse. En 2025 se han sucedido múltiples operativos policiales: desde la incautación de más de 15 mil plantas en Los Vilos, Coquimbo, hasta la detención de cabos del Ejército por transporte de marihuana en encomiendas. Estos hechos muestran que el narcotráfico sigue activo, pero también que la línea entre usuarios, pequeños cultivadores y organizaciones criminales sigue difusa para las autoridades.
Perspectivas encontradas en el debate público
Desde el activismo cannábico, la narrativa es clara: “Queremos respeto, dignidad y libertad para el autocultivo y el uso adulto”, afirma una activista que lleva dos décadas en la lucha. Este movimiento ha logrado avances significativos, como la aprobación de una ley que regula el uso medicinal y la apertura de espacios políticos para representantes con agenda cannábica.
Por otro lado, sectores conservadores y partes del sistema judicial mantienen una postura cautelosa o incluso restrictiva. La reciente formalización y prisión preventiva de militares implicados en tráfico muestra que la ley aún se aplica con rigor y que la frontera legal es estrecha. Algunos jueces y fiscales insisten en la persecución de usuarios y pequeños cultivadores, generando tensiones y críticas desde organizaciones sociales.
Además, la ciudadanía observa con preocupación el aumento de incautaciones y detenciones, pero también los riesgos asociados al consumo, especialmente entre jóvenes. Estudios internacionales, como los presentados en Estados Unidos, alertan sobre la dificultad de medir y controlar el consumo responsable, con debates abiertos sobre la seguridad vial y la salud pública.
Contexto internacional y lecciones aprendidas
Chile no está solo en este proceso. Países como Uruguay y diversos estados de EE.UU. han avanzado en la regulación, con resultados mixtos. La evidencia muestra que la legalización puede aumentar el consumo adulto, pero no necesariamente el juvenil, y que la calidad y potencia del cannabis son factores críticos para minimizar daños. También se ha evidenciado que la regulación debe ser integral: control de la comercialización, educación, fiscalización y respeto a los derechos de los usuarios.
Las experiencias internacionales alertan sobre la necesidad de no repetir errores: la regulación no puede ser solo un cambio legal, sino un cambio cultural y social que incluya a todos los actores.
