Allá por el 2024, un grupo de organizaciones, clubes y espacios cannábicos porteños articuló una respuesta inmediata y organizada para garantizar que la Ciudad de Buenos Aires hiciera cumplir los derechos de sus ciudadanos, aunque eso le costara abrirse de la cuestión federal. En vista y considerando la motosierra que le iba a caer al cannabis, como a tantas otras áreas tras el cambio de gobierno nacional, este conjunto de organizaciones (llamada la Federación de Clubes Cannábicos de Argentina, o FECCA) aprovechó la autonomía de las provincias como estrategia política para resguardar lo que se había conseguido en materia nacional. Así fue como se gestó el REPROCABA, una alternativa provincial ante la posible intervención del REPROCANN, el registro nacional de cannabis.
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No se equivocaron. Lo que primero fue sospecha, fue luego confirmado: el REPROCANN se paralizó. Comenzaron las demoras, las caídas de trámites, el empezar de cero una y otra vez, la falta de respuestas, la ausencia de políticas públicas y un progresivo apagado del único marco de acceso seguro para miles de usuarios terapéuticos.

